Atos y la renuncia silenciosa.

En el vasto universo corporativo hay empresas que brillan como estrellas fugaces y otras que, como Atos, parecen especializarse en eclipses laborales.

 En esta compañía, la «renuncia silenciosa» no es solo una tendencia, sino casi una obligación. Numerosas personas, expertas en tecnología, se ven abocadas al desconsuelo laboral después de ver durante años como se incumplen las promesas vacías de la dirección.

Años sin subidas salariales han convertido los sueldos en reliquias del pasado, mientras el equipo directivo parece haber adoptado la filosofía del avestruz: cabeza bajo tierra y ojos cerrados ante el descontento generalizado. Las reuniones de equipo se han transformado en monólogos donde la jefatura habla de «visión de futuro», mientras el equipo ve cómo les tratan como si fueran personas adolescentes, lo que provoca que terminen desconectando mientras piensan en su próximo café… o en su próxima oferta laboral.

Atos, cuyo nombre en su día pudo evocar cierta eternidad asociada a la gloria olímpica, parece haber tomado el concepto demasiado en serio, al menos en lo que respecta a mantener las mismas condiciones laborales desde las primeras olimpiadas. Pero, como dicen, incluso las estrellas más apagadas pueden volver a brillar, aunque en este caso, quizás necesiten un reinicio completo del sistema.

Esta renuncia silenciosa, que en Atos se ha convertido casi en una norma no escrita, tiene un impacto profundo en la dinámica y el rendimiento de la compañía. Por un lado, las personas trabajadoras que se ven abocadas a esta práctica mantienen su productividad, pero dejan de contribuir con ideas e innovación, en vista de que generalmente no son tenidas en cuenta. Esto, junto con la falta de planificación de los proyectos que llevamos años denunciando, no solo frena el crecimiento de estos proyectos, sino que también genera un ambiente de apatía que se contagia fácilmente entre los equipos.

Los clientes no tardan en percibir los efectos de esta desmotivación: entregas tardías (por la mala planificación), servicios que no cumplen con los estándares prometidos y una evidente falta de entusiasmo en el trato. A nivel interno, la ausencia de compromiso real afecta a la colaboración entre departamentos, fomentando tensiones y un ciclo vicioso de desinterés generalizado.

Por otro lado, mientras el equipo directivo mira hacia otro lado, la desconexión crece. Las decisiones estratégicas se vuelven reactivas en lugar de proactivas y la empresa se estanca, tanto en términos de competitividad, como de retención de talento. Las personas más capaces y ambiciosas, viendo el panorama sombrío, optan por buscar mejores oportunidades, dejando atrás un equipo debilitado.

Al final, esta renuncia silenciosa no solo perjudica a la plantilla, que permanece atrapada en un círculo de frustración, sino que también pone en entredicho la sostenibilidad de Atos como compañía. Quizás sea hora de que el equipo directivo saque la cabeza de la arena, se quite la venda de los ojos y reinicie el sistema antes de que sea demasiado tarde.

2 Comments

  1. yo solo espero que tengan la suficiente inteligencia para promover prejubilaciones y me llegue pronto el día…ninguna ilusión por el futuro…

  2. Hace 3-4 años me cansé de las promesas incumplidas y me fui a otra empresa. Atos perdió 20 años de experiencia, yo gané paz mental y subidas de sueldo anuales. Atos perdió una persona que controlaba 4 proyectos, dos de ellos bastante demandantes. Me sustituyeron 4 personas. Una de esas personas aguantó 6 meses y se fue, ese contrato (millonario) se perdió un año más tarde, pudo ser casualidad. De otro proyecto yo era la única persona que quedaba, así que perdieron todo el conocimiento (la documentación se perdió cuando se fue el jefe de proyecto y se borró su Sharepoint, ni las bajas se hacen bien). Atos lleva 10-15 años haciendo un gran trabajo para perder el talento interno.

Responder a pepe Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo no será publicada.